Ambrosius

Hay quienes dicen, que antes las cosas se hacían de otra manera y que hoy saben igual siendo de uno o de otro. Claro está que la creciente competitividad en las últimas décadas, obligó a la introducción tanto de nuevos procedimientos como de nuevos ingredientes, todo ello con el fin de reducir el despliegue manual, de acelerar la elaboración y de asegurar unos resultados que aparentemente quieren depender cada vez menos de la mano de quienes lo hacen.

Era una evolución que se hacía poco a poco y en cada uno de sus pasos implicaba unas diferencias muy sutiles, pero en la suma de ellos notables. Queremos volver a los orígenes en pastelería, cuando, lo que hoy se hace con "polvitos mágicos" y mezclas prefabricadas, se hacía a base de huevos separados en yemas y claras, buena mantequilla e intuición y sensibilidad.

La persecución de tales metas quizás va en contra de la contemporánea preocupación por una alimentación más sana, reduciendo sobre todo las cantidades en azúcares y grasas animales. Observamos que muchos consumidores cuidan cada vez más su salud y que aparte de reducir alimentos dañinos en cantidades excesivas, están mucho más selectivos. Prefieren comerse un alimento de mejor calidad e incluso están dispuestos a pagar un poco más por él.

Sea como sea a nivel fisiológico, los médicos reconocen cada vez más la importancia de la mente en la lucha contra las enfermedades más crueles, no solo en el tratamiento sino - y tal vez antes de todo - en su prevención. Ahí la felicidad juega un papel crucial. Los hospitales están llenos de gente con enfermedades provocadas por preocupaciones y estrés.

Así pues, estas pequeñas alegrías que nos permitimos de vez en cuando, nos halagan el paladar y nos llevan a evadir en la nostalgia de tiempos y el arte de vivir cada vez más lejanos

Sería temerario decir que pretendemos hacer un mundo mejor, pero sí queremos contribuir con nuestro pequeño grano de azúcar a que el sibarita viva sus pequeños momentos de placer.

Nuestros esfuerzos radican en la desaprobación del timo publicitario, la voluntad de hacerlo cada día un poco mejor y por lo tanto, el deseo de hacer honor a los adjetivos usados en las descripciones a continuación y - tal vez aún más - a los creadores de las interpretaciones pasteleras que les queremos hacer llegar.